Todo lo anterior suena muy bien en un artículo, pero la pregunta obvia es: vale, ¿y qué hago? Aquí van algunas prácticas que funcionan y que, sorprendentemente, casi nadie aplica de forma sistemática.
Sienta a alguien de fuera delante de tu producto y cállate. Organiza sesiones con personas que no están en tu equipo –clientes, prospects, gente random– y obsérvalas usando tu producto sin ayudarles. Vas a pasar vergüenza. Van a intentar hacer cosas que tú das por obvias y no van a encontrar el botón. Van a ignorar secciones enteras que a tu equipo le costó meses construir. Es incómodo, pero es la forma más rápida de entender qué está fallando realmente.
Deja de confundir lo que quieres que tu producto sea con lo que tus usuarios hacen con él. Identifica cuál es la funcionalidad más usada y cómo es el flujo más habitual, y pule esa experiencia a muerte.
Alguien del equipo tiene que ver grabaciones de sesiones de usuario cada semana. No informes, no dashboards de analytics, no resúmenes: vídeos reales de personas reales usando tu producto. Si no acabas gritando insultos a la pantalla, no has visto suficientes.
Prueba tu onboarding y tu happy path de forma habitual. Créate una cuenta nueva cada mes y haz el recorrido completo que haría un usuario nuevo. Vas a flipar con cómo cambia la experiencia según vas añadiendo funcionalidades. Esa pantalla que antes era limpia ahora tiene tres banners, un modal de bienvenida y un tooltip.
Jamás matamos funcionalidades. Más allá del uso core de una aplicación, las funcionalidades que añadimos a posteriori se usan poco o nunca. Y sin embargo nunca las dejamos morir. Un usuario cabreado es mucho mejor que muchos usuarios abrumados.
El ownership del conjunto es importante. Sobre todo en equipos grandes, si cada uno optimiza su sección, necesitas una persona o un equipo pequeño cuyo trabajo sea hacer que el producto funcione como un todo y no como un Frankenstein.
El coste de oportunidad existe. Cada feature que añades tiene costes ocultos: mantenimiento, complejidad de la interfaz, soporte. Antes de construir deberías pensar si lo que construyes aporta más valor que todo lo que estás dejando de lado por hacerlo.
Usa el progressive disclosure. No se trata de tener un producto simple que no haga nada. Utiliza progressive: la interfaz por defecto muestra lo que necesita el 80% de los usuarios el 80% del tiempo. Compara el dashboard de Stripe con el de AWS. Ambos son productos muy complejos, solamente uno te provoca ganas de arrancarte los ojos.