¿Cómo afecta la guerra de Irán al sector del software?
¿Cómo afecta la guerra de Irán al sector del software?Cuando el petróleo sube, los tipos suben, la inversión se frena y el software sufre. La guerra de Irán acaba de activar esa cadena.La última vez que la inflación comenzó a despuntar en 2022, el sector del software se desplomó un 40%. El ataque de Israel y EE.UU. contra Irán y la posterior respuesta de este, extendiendo el conflicto a todo Oriente Medio y cerrando el estrecho de Ormuz, van camino de generar otra ola inflacionaria de duración incierta. Y, como en 2022, no son buenas noticias para el sector del software. Petróleo caro, inflación garantizadaLa guerra de Irán está afectando de forma dramática el precio del petróleo y, con ello, el combustible con el que a día de hoy se mueve el mundo. Como muchos habréis sufrido al pasar por el surtidor, la repercusión en los precios es casi inmediata. Llenar el depósito cuesta más que antes, por lo que tenemos menos dinero disponible para otras necesidades. Pero además, resulta que prácticamente todo lo que consumimos llega a nuestras manos vía transporte y, por lo tanto, también subirá de precio, lo que nos restará aún mayor capacidad adquisitiva. El repunte de la inflación a corto plazo es inevitable. Cuando la inflación sube, el capital se congela¿Por qué la inflación es negativa para el sector del software? Principalmente porque cuando la inflación sube, los bancos centrales se ven obligados a elevar los tipos de interés. Sobre los tipos de interés, ya hablé precisamente en 2022, al hilo del inicio de la crisis del sector tecnológico:
Así pues, cuando los tipos de interés suben, la inversión se resiente. Los proyectos que eran rentables, financiados al 0%, ya no lo son cuando el bono a 10 años rinde un 4%. El precio de la energía impacta en el coste de la IAPor si no fuera suficiente la subida de tipos, el shock inflacionario en los costes energéticos se da en un momento en el que el sector tecnológico tiene comprometidos más de un billón de dólares en infraestructura de IA. Industria, la de la inteligencia artificial, cuya rentabilidad depende directamente del coste de la energía. Esta representa la mayor parte de los costes operativos de los centros de datos y, a día de hoy, cada consulta IA consume varios órdenes de magnitud más energía que sus algoritmos deterministas equivalentes. Si sube el precio de la energía, todo lo que toca la IA se encarece exponencialmente. Empresas como OpenAI o Anthropic, cuyos costes de entrenamiento e inferencia dependen directamente de esos precios, sentirán la presión. Y esa presión se transmitirá hacia abajo, hacia cada empresa que depende de sus APIs, hacia cada producto que ha construido su propuesta de valor sobre modelos que ahora cuestan más de ejecutar. Tres escenarios posibles para el sector del softwareNadie sabe cuánto va a durar este conflicto. Pero la duración definirá su impacto en el sector del software, porque no es lo mismo un shock puntual que un cambio estructural. Merece la pena pensar en tres escenarios posibles y en lo que implica cada uno para el sector. El mejor caso: todo termina en semanasQue el conflicto se resolviera en semanas sería el mejor escenario. El precio del petróleo bajaría, los mercados se estabilizarían y la mayoría de las empresas tecnológicas absorberían el golpe sin grandes cambios de fondo. El escenario realista: una guerra de mesesSi el conflicto se alarga durante varios meses, la presión deja de ser temporal y pasa a ser sostenida. Los costes energéticos elevados se trasladarán a los precios que pagamos por la nube, los márgenes se estrecharán y las unit economics de muchos productos empezarán a no cuadrar. En este escenario, el capital riesgo se volverá mucho más selectivo. Las rondas se complicarán, las valoraciones disminuirán y el foco se desplazará del crecimiento a la rentabilidad. Los ciclos de venta B2B se alargarán significativamente (el pipeline de Q2 se convertirá en el de Q3) y el churn aumentará, ya que los clientes ajustarán sus costes. El peor caso: una guerra largaSi el conflicto se prolonga más allá de los seis meses, entramos en territorio de cambio estructural. Una guerra larga implica una energía cara de forma permanente, cadenas de suministro rotas y un entorno de capital hostil, donde solo sobrevivirán las empresas que ya sean rentables o que tengan valor estratégico. Muchas startups no sobrevivirán a este escenario. Si tu burn rate supera tus ingresos y el capital externo se seca, las cuentas no salen. En 2022 y 2023 ya vimos esta dinámica con las primeras olas de despidos masivos. En 2026, además, tenemos que sumar la IA como excusa y como acelerante. Mi pronóstico: estamos en el escenario centralA día de hoy, creo que estamos más cerca del segundo escenario que de una resolución temprana. Aun anticipando que Trump puede declarar victoria mañana y replegar a sus tropas, la inestabilidad que se ha creado en la región es posible que tenga efectos duraderos. Por no hablar de que EE.UU. es sólo parte de la ecuación, ya que Israel parece tener sus propios planes, sean cuales sean. Si este escenario se cumple, veremos repetirse algunos impactos que anticipé en 2022:
Echando la vista atrás, desde 2022, esta es la tercera o la cuarta vez que hablo de crisis relacionadas con el sector del software. Estoy empezando a pensar que todas son, en realidad, la misma crisis: aquella que empezó en 2022 con el primer repunte de la inflación, el ajuste de los tipos de interés al alza y de la que todavía no hemos salido. Maquiavelo advirtió: “La guerra comienza cuando uno quiere, pero no termina cuando uno desea.” Lo mismo ocurre con sus efectos en nuestro sector. |
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